LA POLITICA DE CULTURA DE LA LEGALIDAD EN PEREIRA: HACIA UNA ETICA PÚBLICA Y CIUDADANA
El 5
de julio de 2019 la Administración Municipal en cabeza de Juan Pablo Gallo
Maya, y su Secretaria de Gobierno, Adriana Vallejo de la Pava, firmaron el
decreto de ajuste de la Política Publica de Cultura de la Legalidad, el cual
hace énfasis en la presencia de una ética de comportamientos y valores que
rescate la credibilidad y el sentido del bien común en todas las acciones de la
entidad y la ciudadanía.
La
ética pública es la disciplina que estudia y analiza el perfil, la formación y
el comportamiento responsable y comprometido de los ciudadan@s que se ocupan de
los asuntos públicos, generando un cambio de actitud en ella al inculcarles
valores de servicio público.
Los valores en la administración pública son
fundamentales porque forman parte de la cultura organizativa, la cual es
necesaria para la conducta del personal al ayudarle a crecer y a desarrollarse
en armonía. Los valores éticos están presentes en cada actuación laboral y
orientan el comportamiento. La administración pública y la ciudadanía son
responsable de los servicios que ofrecen: salud, educación, vivienda,
transporte, asistencia social, cultura, seguridad y convivencia pública, parques
y jardines, turismo, recolección de basura, etc. para lo cual se debe tener en
cuenta los siguientes principios de continuidad, suficiencia, rapidez,
seguridad, economía, calidad, innovación, eficiencia, con el objeto de hacer de
los servicios públicos «instrumentos satisfactores de la sociedad».
Un
buen desempeño en la prestación del servicio público, con calidad y eficiencia,
ayudará a recuperar la credibilidad y el reconocimiento perdidos por parte de
la ciudadanía. Cada servicio público es llevado a cabo a través del servidor
público en corresponsabilidad con el ciudadan@, elemento humano fundamental
para el buen manejo y funcionamiento de las instituciones. El personal que
labora en ellas facilita el normal desempeño de la institución al integrarse y
desarrollarse en ella, en beneficio de la administración gubernamental.
Cualquier
gobernado puede reclamar o denunciar la conducta indebida por parte del
servidor público el cual deberá atenerse a la sanción correspondiente que
determine la Constitución o las respectivas leyes. Ahora bien, las diferentes
demandas sociales requieren promover un cambio de actitud por parte de los
servidores públicos y la ciudadanía que implique nuevas estrategias en las
políticas públicas que tengan que ver con las necesidades y exigencias de la
sociedad en general. No hay una ley que obligue al servidor público y a la
ciudadanía a actuar de un modo éticamente correcto. El principio reconocido
universalmente de que hay que hacer el bien y evitar el mal, nos enfrenta a una
obligación la cual es incondicional.
Todo
Estado debe preocuparse por orientar y vigilar el comportamiento de los
miembros que lo integran, es decir, gobernantes y gobernados, educando a la
ciudadanía, ordenándola, organizándola, conservando su cultura, su identidad y
su libertad. Las personas que trabajan en el servicio público, al actuar de un
modo éticamente correcto, van a ser más eficaces y eficientes en sus tareas, lo
que se verá reflejado en la confianza y credibilidad de la ciudadanía a la que sirven.
Mediante
la ética pública se busca lograr un cambio de actitud en los servidores
públicos y en la ciudadanía a fin de forjar en ellos una conducta integral, con
sentido de responsabilidad, lealtad a la entidad y la ciudad para la que
trabajan y compromiso con los objetivos de la misma. Prestar un servicio
implica dos requisitos: compromiso con el trabajo y respeto por la persona a
quien se sirve. Si el servicio se dirige a una comunidad, el compromiso es aún
mayor y lo es más si es público y si proviene del Estado. Esa es la razón por
la que a las personas que trabajan en la administración pública se las llama
«servidores públicos», cuya función es la de ayudar a resolver conflictos
comunes y a satisfacer las necesidades de la comunidad pensando en el logro de
un bien común. Asumir un cargo público implica tener vocación y compromiso por
los asuntos colectivos, así como responsabilidad para con la comunidad.
Por
ello, es importante que el servidor público y la ciudadanía cuenten con
personalidad autónoma y principios sólidos que le impidan realizar actos
indebidos o ceder a propuestas reprobables. Todo servidor público o ciudadano
que cuente con valores éticos deberá ser una persona capaz de rescatar el
sentir de la comunidad, así como de tomar en cuenta las reacciones de la
opinión pública, los prejuicios, las tradiciones, las idiosincrasias, los
regionalismos, etcétera, de los gobernados. En la actualidad existe una gran
pérdida de valores que se ve reflejada en la administración pública, en el desprestigio
de los servidores públicos y en las prácticas corruptas que en ella se
producen, lo cual trae consigo una falta de credibilidad en el gobierno y una
sensación de traición hacia la comunidad. El ciudadano tiene responsabilidades.
En lo
que respecta al ámbito público, cada gobierno actúa de acuerdo con unos
principios determinados, los cuales se establecen según sea la naturaleza de
cada pueblo, su historia, cultura y tradiciones. Hay principios que mueven a
obrar realizando el bien y otros el mal. La inclusión de la ética en los
programas de formación y estudio de los funcionarios y contratistas es una
muestra de sensibilidad social que pone el acento en un vivo espíritu solidario
y en el valor de la dignidad humana. Al mismo tiempo, impide la desnaturalización
del servicio público, motiva a la función pública y sostiene la idea de que el
trabajo administrativo siempre ha de ser realizado teniendo presente los
intereses colectivos.
Al
observar las actitudes de los servidores públicos y contratistas, y la
ciudadanía hay que recordarles que “están para servir y no para servirse de la
comunidad. Por lo tanto, la ética es un factor clave para elevar la calidad de
la administración pública mediante la conducta honesta, eficiente, objetiva e
íntegra de los funcionarios en la gestión de los asuntos públicos”.
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