LA CONFIANZA
La confianza es una especie de ilusión, rozando el
autoengaño, que, más allá de las probabilidades reales, nos lleva a sentir que
conseguiremos el trabajo soñado, que seremos felices y comeremos perdices. La confianza
es una especie de mecanismo adaptativo.
Una estrategia mental que nos proyecta hacia el futuro con energía. Nos evita
quedar aplastados por el peso del realismo, de mirar a nuestro alrededor y ver
que las cosas no suelen ir tan bien como desearíamos, del martilleo angustiante
de estadísticas, la tasa de desempleo o las de la violencia intrafamiliar.
Quizás surge más de una necesidad de creer que se cumplirán nuestros deseos que
de un análisis realista de la realidad, valga la redundancia. Pero, aun así, o,
mejor dicho, precisamente por eso, el sesgo alrededor de la confianza en tiempos de crisis es importantísimo.
Hay quien puede decir que los seres humanos
fervientes de la confianza, lógicamente, también fracasan, tropiezan dos veces
con la misma piedra, se dan de bruces con la realidad. Así que, para evitar
frustraciones, casi sería mejor no tener demasiada confianza, no esperar demasiado
de la vida, conformarse con metas no muy elevadas. Eso es un error. La confianza se construye tan
profundamente en la estructura de la mente que no podría ser modificada sin
cambiar muchas otras cosas.
Confianza en tiempos de crisis es
fundamental: en los gobiernos, instituciones, en el ser humano y sus distintos
sistemas de creencias y por último, en la inteligencia planetaria.
Comentarios
Publicar un comentario