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Mostrando entradas de mayo, 2021

LA REALIDAD

  En su último libro Boaventura de Sousa   invita a luchar por la radicalización de la democracia, a una democracia de  “alta intensidad”  que ponga en primer plano la dignidad humana, me sugiere el ocaso del sistema presidencialista en América Latina, la defensa del patrimonio ciudadano y cultural, la igualdad,  la protección de la naturaleza que nos importa tanto y desde luego, la participación amplia y profunda. Y sobre todo que luche porque los ciudadanía se reencuentre con la realidad. Es decir, esa tendencia que tenemos de separarnos, en los actuales tiempos, completamente de la realidad. La realidad ya no importa. Salgamos de la realidad. La realidad no cuenta. Lo que cuenta es que tú tengas un discurso capaz de movilizar a las masas. Suficientemente coherente. Capaz de mostrarle a la gente las amenazas que tienen y generar miedo. Y poder decir: “síganme a mí que yo puedo garantizarles a ustedes la seguridad”. Eso es lo que importa. Y ese discurso ...

LAS CUICACALLI

  En el Imperio Azteca habría una especial adoración por la armonía y se refería no sólo a los sonidos sino que incluía poesía y danza. Así surgiría un hombre culto que entendía de música, poesía, danza, gimnasia y el futbol azteca. En la educación eran obligatorias todas estas disciplinas para formar el espíritu, para educar el alma. Primero estudiaban canto y a tocar instrumentos, a leer, escribir (necesario para la poesía, la gran arte), más tarde, a bailar y posteriormente, la destreza en los juegos deportivos, especialmente del futbol azteca. Los filósofos aztecas plantearon que esas relaciones son las mismas en las que están construidos el alma y el universo: la música podía determinar conductas y reacciones entre las gentes.   El Poeta Harold Alvarado Tenorio, escribió un texto exquisito acerca de la importancia del canto y la danza   en el desarrollo de la identidad social, política y cultural del hermoso imperio de Texcoco, evidenciado en el pueblo náhua...

LA SOCIABILIDAD EN CRISIS

  Después de más de un año de enormes preocupaciones para buena parte de los colombianos se suma la crisis social poliédrica y polifónica, como consecuencia, la tristeza se presenta como un afecto reactivo, es la disminución o represión  de la potencia de pensar del alma. Cuando el alma se entristece, la potencia de entender o de obrar, se disminuye o reprime. El miedo se constituye entonces en una fuerza que dramatiza las pasiones y que opera tanto en lo público como en lo privado. Se convierte en una pasión triste que obstaculiza nuestra potencia de actuar y nos entrega a los fantasmas, a las supersticiones y a las mistificaciones de los ídolos. El miedo se nutre con los fenómenos que fracturan la confianza sobre la que puede construirse la sociabilidad; toda ella además está atravesada con las dificultades extraordinarias para reconocer al otro, para ensayar modos diversos de vivir la alteridad; así como con las condiciones existenciales definidas alrededor de las relac...

LA PAZ POR SIEMPRE

  ¿Están los seres humanos condenados a entenderse? Frente a conflictos tan complejos como los de Iraq, Afganistán o Israel-Palestina, u otros de larga data, pareciera lo contrario. Sin embargo, una estadística sobre los conflictos surgidos desde la década de los sesenta hasta la actualidad nos muestra que o no están resueltos todavía o han finalizado con algún tipo de acuerdo. Solo   una pequeñísima parte de los conflictos terminan mediante victoria y derrota de alguna de las partes, mientras que un número muy superior (tres veces más) finalizan mediante algún tipo de acuerdo. Hay motivo, para esperar que los conflictos no resueltos en la actualidad terminen algún día en una mesa de negociaciones. Estamos   en una época en la que predomina la cultura de la negociación frente a la de la confrontación militar, lo que nos permite abrigar esperanzas sobre la resolución pacífica de muchos de nuestros conflictos vigentes, por difíciles y duraderos que sean. Esta cultura de l...

LA PRIMAVERA DE DUQUE

  El poder siempre ha temido las protestas sociales, pues comprende que detrás se esconde una revolución, porque piensa en ella como una reacción en cadena que puede extenderse por todo el planeta; como una infección capaz de contagiar a todos sus habitantes. Pero no fue hasta 1968 que el mundo vio la primera protesta social global bajo el nombre de la “Primavera del 68 ”. Que, precisamente por ello, no fue una revolución. Más bien una “efervescencia revolucionaria”, según la definición de Claude Lefort, que tuvo en el mayo francés su episodio más publicitado, pero que también frotó en Checoslovaquia, Estados Unidos, Alemania y Japón. Tampoco fue revolución porque en lugar de fuerzas políticas y sociales luchando por alcanzar el poder, lo que se escuchó en varias esquinas del mundo fue un grito generacional: jóvenes estudiantes que levantaron la voz contra el pasado, la época de sus padres y abuelos, que había quedado irremediablemente desfasada en uno de los caminos más vertiginos...