LAS CUICACALLI
En el Imperio Azteca habría
una especial adoración por la armonía y se refería no sólo a los sonidos
sino que incluía poesía y danza. Así surgiría un hombre culto que entendía de
música, poesía, danza, gimnasia y el futbol azteca. En la educación eran
obligatorias todas estas disciplinas para formar el espíritu, para educar el alma.
Primero estudiaban canto y a tocar instrumentos, a leer, escribir (necesario
para la poesía, la gran arte), más tarde, a bailar y posteriormente, la
destreza en los juegos deportivos, especialmente del futbol azteca. Los filósofos
aztecas plantearon que esas relaciones son las mismas en las que están
construidos el alma y el universo: la música podía determinar conductas y
reacciones entre las gentes.
El Poeta Harold Alvarado Tenorio, escribió
un texto exquisito acerca de la importancia del canto y la danza en el desarrollo de la identidad social,
política y cultural del hermoso imperio de Texcoco, evidenciado en el pueblo náhuatl,
quienes propagarían tal importancia, en todos los rincones del México precolombino.
Relata que para los náhuatl, la vida civilizada existía, sí en las ciudades había
lugares para el canto y el baile. Las cuicacalli o casas de canto estaban junto
a los templos y en ellos vivían, los maestros en música, canto, danza y futbol. En las festividades se usaban
tambores huéhuetl y tponaxli, sonajas, flautas y caracoles. Las canciones
celebraban las hazañas de los héroes, elogiaban a los príncipes, lamentaban la
brevedad de la vida y de la gloria, elogiaban la poesía, el amor y los cantos divinos,
acompañados de pantomimas y juegos.
Los cuicapicque, autores de letras para
los cantos, eran de dos clases: los que vivían en los templos y pertenecían a
la casta de los sacerdotes y de las casas reales, que ofrecían textos para las ocasiones
memorables. Pero había también otros cuicapicque, los poetas propiamente dichos,
que gracias a sus propios méritos alcanzaban prestigio y eran muy solicitados gracias
a su arte de hacer perdurables hechos y sentimientos. Los primeros recibían,
como orfebres, paga, los últimos la gloria. En los tres grandes grupos lingüísticos
de lo que sería la gran América prehispana, es decir, aztecas, incas y mayas, la
conformación del espíritu determinaba el tejido político y económico.
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