LA PAZ POR SIEMPRE
¿Están
los seres humanos condenados a entenderse? Frente a conflictos tan complejos
como los de Iraq, Afganistán o Israel-Palestina, u otros de larga data,
pareciera lo contrario. Sin embargo, una estadística sobre los conflictos
surgidos desde la década de los sesenta hasta la actualidad nos muestra que o
no están resueltos todavía o han finalizado con algún tipo de acuerdo. Solo una pequeñísima parte de los conflictos
terminan mediante victoria y derrota de alguna de las partes, mientras que un
número muy superior (tres veces más) finalizan mediante algún tipo de acuerdo.
Hay motivo, para esperar que los conflictos no resueltos en la actualidad
terminen algún día en una mesa de negociaciones.
Estamos en una época en la que predomina la cultura
de la negociación frente a la de la confrontación militar, lo que nos permite
abrigar esperanzas sobre la resolución pacífica de muchos de nuestros
conflictos vigentes, por difíciles y duraderos que sean. Esta cultura de la
negociación queda plasmada en los 25 acuerdos firmados, que ha permitido el
logro de la paz en contextos tan diferentes como en Indonesia, Irlanda del
Norte, sur del Sudán, Nepal, Burundi, que han puesto fin a conflictos de décadas con decenas o
centenares de miles de víctimas a sus espaldas.
Frente
al universo de no-negociación, existen procesos abiertos, aunque con diferentes
niveles de consolidación en múltiples países, como Malí, Níger, Chad, Etiopía,
Eritrea, Nigeria, República Centroafricana, Sudán, Uganda, Sáhara Occidental,
Filipinas, India, Pakistán, Nepal, Myanmar, China, Taiwán, Armenia, Azerbaiyán,
Georgia, Rusia (Kosovo), Moldova, Turquía, Israel y Palestina y Colombia. Se
trata en su mayoría de procesos que sufren numerosas interrupciones y están
sujetos a frecuentes momentos de crisis, pero que cuentan con la mínima
estructura negociadora que permite esperar una posible salida positiva si se
dan las circunstancias adecuadas.
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