PATRIMONIO VIVIENTE: LAS COCINAS TRADICIONALES DEL PAISAJE CULTURAL CAFETERO
El
patrimonio cultural, de acuerdo a la UNESCO, se dividiría en tangible e intangible,
dependiendo de su carácter material o inmaterial (viviente). El patrimonio
cultural viviente, está constituido, “por aquella parte invisible que reside
en el espíritu mismo de las culturas. De esta manera, lo conformarían, los
ritos, modos de vida, medicina, religiosidad, tecnologías, lenguas, modismos,
música, trajes, estilos culinarios,etc.”
El
patrimonio cultural tangible e intangible, no constituyen unidades discretas,
es decir, “Lo tangible/intangible es indisociable, incluso en los tiempos de la
conformación del patrimonio nacional. Este ha sido el producto de “trabajos de
encuadramiento de la memoria”, en función de la identidad nacional, mediante
los cuales se han realizado procesos selectivos de atribución de valores
–incuestionables para la sociedad – sobre “cosas” que sin embargo, también comportan
un valor simbólico específico.
Las
Cocinas Tradicionales del PCC, corresponden a una forma de patrimonio cultural
de tipo viviente, por lo que resulta de importancia, ahondar en las
características de este subtipo de patrimonio cultural. Constituyen un claro
marcador de identidad y de desarrollo turístico.
Éstas
se caracterizarían por: 1) Contar con un número limitado de alimentos
seleccionados del medio, en función a la posibilidad de acceso a la energía que
es necesaria para su recolección o producción. 2) Preparar los alimentos de un
modo característico. 3) Principios de condimentación que les dan familiaridad.
4) Reglas de comidas diarias, horarios, grupos, separaciones y rituales. 5)
Tabúes alimentarios propios.
Las
tradiciones culturales, propias de una región, no se han mantenido al margen
del consumo como es el caso de México, Perú, Vietnam o Tailandia. Es más, estas
han pasado a ser, en muchos casos, parte de verdaderas industrias culturales,
en que “lo tradicional” es consumido, de manera de fortalecer y evidenciar los lazos
que conforman la comunidad imaginada que es la nación. De esta manera, el
consumo ritualizado de determinados platos típicos, en desmedro de otros, unido
a la creación de versiones más elaboradas y adecuadas a los gustos culinarios
de los sectores altos, evidencia el que nos encontramos frente a un verdadero
mercado de “lo tradicional”, en que el individuo se decide por consumir aquella
tradición que, lo haría participe de la comunidad nacional, en nuestro caso con
el PCC; por cierto, en una versión, que le resulta, personalmente, atractiva.
Las
Cocinas Tradicionales del PCC son el resultado de cuatro tradiciones culinarias
que se funden, y dan vida a su cocina campesina. Son estos aportes: la tradición
indígena, que se hizo sentir como bases aprovechadas; la herencia española, es
decir, los hábitos gastronómicos, y los usos y costumbres que trajeron los
conquistadores; la comida caucana con un sello de comida fusión colonial y por
último la influencia africana
Sin
embargo, con el paso del tiempo, a mí juicio, la Cocina del PCC fue reduciendo
en importancia a sus componentes indígenas, caucanos y afro, tanto a nivel de
productos alimenticios, como de las formas de preparación de los alimentos. De
manera que, muchas formas culinarias tradicionales han caído en desuso o han
sido relegadas a espacios rurales y populares.
En este
contexto caracterizado por una falta de memoria culinaria, tendrá que surgir la
Nueva Cocina del PCC (o Cocina del PCC Renovada o Alta Cocina Cafetera), moderna y creativa cocina de autor cuya
inspiración vendrá tanto de lo que se considera comestibles de lujo , como
productos nativos emergentes: quínoa, merquén, las distintas hierbas aromáticas
que se lían entre aquellas europeas, orientales, africanas y las nuestras como
el poleo; miel de palma, cidra, las distintas variedades de perejil, cilantros
y cebollas, las frutas y los cernidos de
los mismos, el uso de la carne de cerdo como vianda festivalera, el universo de
granos,
Los
amasijos y desamargados, la utilización histórica del maíz, el chontaduro y el
borojó,el platano,las variedades citricas, arracacha y la yuca; la piña y la mora como guarniciones,
el mamey, las brevas y las natillas. La torta María Luisa. Las sopas y potajes
nutridos de cola de res y cerdo, y la gallina campesina, los sancochos, las
sopas de arroz y los frijoles; los tamales y fiambres y los embutidos referidos
a los chorizos, las morcillas y
“rellenas” de la región. El exquisito “hogao” y el “pique casero”.
El
llamado “Peso Pereirano”: o sea las empanadas, llamadas así porque gracias a
ellas se desarrollaron varias gestas
cívicas de la ciudad. Sin duda, las febriles variedades de arepa, tienen un
valor incalculable en la mesa de las familias pereiranas. El exquisito queso de paramo que nos llega
desde la Laguna del Otún y por último,
conocer la historia del acervo alimentario arriero para rescatar y
hacerla presente. Pereira es
hermosamente arriera, cafetera y
campesina, y algo que se olvida con frecuencia:
guarda gran variedad de frutas que se destacan por sus colores y delicioso
sabor.
Lo
tenemos todo para soñar relucientes comidas tradicionales del PCC
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