El Arte Bravo
Los toreros no están
esperando que salga un enemigo al que hay que destruir a toda costa, todo lo
contrario, su objetivo es construir algo que se acerque a la transcendencia, y
construirlo con el toro. Lo que buscan es un instante de perfección con un
capote y una muleta, y para ello se atienen a una sistemática, a unas reglas.
Nadie va a los toros en razón a que allí se derrama sangre, se maltrata y muere
un hombre o un animal. El aficionado a los toros es un ser que cree encontrar
en esa manifestación momentos de magia y son esos momentos los que aplaude y
premia, igual que sanciona una mala praxis. Los toreros ante todo desean
inspirar a poetas, escultores y pintores. Los toreros y las otras gentes de
esta profesión no viven del toro, sino para el toro. Es el Arte Bravo.
El toro de lidia en un ser
contingente, como todos, puede existir o no existir, y hoy en día su existencia
va ligada a su lidia, a la fiesta de toros. Cuando piensen en este espectáculo
háganlo dirigiendo su mirada a la vida y no en la muerte, porque la causa de
que vivan esos seres es que otros mueren en una plaza de toros, y si se suprime
el espectáculo, esos seres pasarán de existir, a la simple inexistencia, serán
un “no ser”. Es el Arte Bravo.
Esto independientemente de
que los que mueren en una plaza de toros, viven y existen en unas condiciones
que ningún otro integrante del género animal, incluido el hombre, puede ni
siquiera imaginar. Porque de eso se cuidan toda la cadena del toreo, de que
tengan la oportunidad de nacer, de ser, de existir. Los hombres del toro viven
en continuo contacto con el toro y su hábitat. Incluso el animal de lidia es el
único ser, aparte del hombre, que tiene su nombre propio y diferenciado desde
el nacimiento, todos y cada uno de los que nacen, sin distinción de sexo, etnia
o color de pelo, se refieren a ellos por su nombre, los asisten en sus partos.
Es el Arte Bravo.
wwwlisandrolopez.blogspot.com
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