El cine como guía espiritual

 


Actualmente la industria cinematográfica  se centra en unos cuantos géneros que han probado ser rentables, las cintas se basan en una estructura e historia sencilla y un derroche  técnico arrollador. Pero esta situación no siempre fue así, en todas las décadas anteriores el cine demostró tener la capacidad de producir trabajos reconocidos intelectualmente. Se le ofrecía al público obras de calidad y éste respondía con una alta demanda de consumo. Entonces, ¿por qué no retomar esas estrategias para devolverle su esplendor?

Visto así, el problema parece fácil de resolver, sin embargo, se trata de un fenómeno más complejo que afecta a cualquier país. El cine es arte, pero también es un producto de consumo y en su creación intervienen factores externos que influyen y modifican la obra. La valoración que cada participante tiene es distinta y define su manera de moverse en él.

Algunos directores han optado por cambiar el tipo de cintas que realizan. Un ejemplo es el del director y guionista estadounidense Paul Schrader  que, en entrevista para “Guion News”, sostuvo que el problema del cine mundial es el público y que un cambio en la cinematografía sería impensable si no se cambia primero la forma de entenderlo, afirma que “cuando el público vuelva a recurrir a las películas como guía espiritual, entonces el gran arte reaparecerá”.

No obstante, es imposible modificar la concepción de cine como  entretenimiento si no se le ofrece al espectador la oportunidad de ver algo distinto. Tampoco se trata de forzar, el público necesita aprender a ver cine y para eso se requiere paciencia. Se necesita devolverle su cualidad de arte, sin dejar de lado su función como espectáculo, tratar de difuminar las fronteras que separan al público e impiden su crecimiento y quitarse los prejuicios.

El arte debe ser accesible a toda la población, fijar sus bases tanto en el razonamiento como en la sensación. Creer que el espectador carece de capacidad crítica o apreciativa es un error que conduce a una espiral interminable en la que no se estimula su inteligencia porque se le niega la oportunidad y por tanto las producciones mantienen un bajo nivel.

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