EL VOTO ARISTOCRATICO
Cada
semana el abanico de coaliciones políticas
para llegar a la Casa de Nariño crece como espuma, estableciendo desde
todas las orillas, la superioridad moral y cultural, generando grupos de apoyo
y consideración alineados entre sí y evitando la presencia de los otros. Como
resultado, el surgimiento de rizomas comunicacionales de hechos económicos,
sociales y culturales, igual al número
de coaliciones y su lucha contra un rizoma político narcisista y beligerante. Aquel
rizoma me recuerda en la Grecia clásica
a una importante corriente de pensamiento político aristocrático que se remonta
a Heráclito y Teognis, ambos de estirpe noble, y se manifiesta en un lamento
frente a la decadencia de los ideales aristocráticos y la creciente hegemonía
de la democracia y el igualitarismo. Heráclito rechaza el ofrecimiento del
pueblo de Éfeso para que ejerza la función de legislador, indicando que “la
ciudad se rige por una mala constitución y enfatizando la desigualdad entre los
seres humanos: “Pienso que un hombre vale por diez mil si es el mejor”. Como
todos los pensadores políticos aristocráticos, piensa que el criterio para
medir el valor de un individuo es su virtud. El término significa también “excelencia” o “estado
óptimo”. Teognis está convencido, de nuevo en línea con los pensadores políticos
aristocráticos, que no la muchedumbre,
sino solo un número reducido de hombres puede alcanzar la virtud. Entre las
virtudes destaca en particular la justicia: “En la justicia están comprendidas
todas las virtudes. Los hombres virtuosos lo son principalmente por su
nacimiento noble, aunque también aconseja no buscar la compañía de hombres
inferiores y malos, sino la de gente decente. Júntate con ellos, comparte con
ellos, y complace a los poderosos. De los nobles aprenderás cosas elevadas, pero si te relacionas
con el vulgo, perderás tu buen sentido”. Es allí donde surge el voto aristocrático
que debe ser leído no con virulencia sino
como aquel voto de clase que se aplica a cualquier grupo éticamente
comprometido con la verdad. No oigo a los candidatos presidenciales de las
coaliciones dirigirse al ser humano colombiano, centrarse en una nueva sociedad
que desconfía de las entidades establecidas, y proponer un movimiento inspirado
en la empatía, la humildad y la igualdad de oportunidades. ¿Vencerá el voto
aristocrático al voto “democrático”? es
la gran pregunta.
wwwlisandrolopez.blogspot.com
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