EL COMIENZO
Según los historiadores German R
Mejía y Michael J La Rosa, el café sin duda fue el producto que sacó a Colombia
del anonimato mundial, antes de ello, las relaciones comerciales exteriores
solamente sucedían con Siria y Líbano con productos de muy baja cuantía. El
café hizo posible configurar una imagen de nación a pesar que, como ocurrió con
las exportaciones en otros países de
América Latina, la dependencia de un solo producto vinculado a los gustos y
mercados de países extranjeros generaría un crecimiento económico desigual.
En el caso de Colombia tal
asimetría, tendría como consecuencia la Guerra de los Mil Días (1899-1902). El
conflicto no solamente fue una expresión de desencuentros ideológicos, sino
también, una escalada violenta, a causa de la incapacidad de los partidos de
llegar a un consenso respecto al futuro económico del país.
Gran parte del Partido
Conservador defendía más la economía local,
el cultivo, la ganadería y el modelo latifundista tradicional. Mientras que el
Partido Liberal se alinderaban por el desarrollo económico y por las
modificaciones financieras y bancarias orientadas hacia un modelo económico de
exportación basado en gran parte en el cultivo, la distribución y la
exportación del café.
De acuerdo a los autores señalados,
para finales del siglo XIX, el café aportaba cerca de la mitad de todas las
ganancias de exportación del país; hacia mediados de la década de 1920, después
de la crisis económica y social causada por la Primera Guerra Mundial, el café perfilaba
el 80% de las ganancias en el extranjero, y cerca del 90% de las exportaciones
del café tenían un destino común: los Estados Unidos. La estratégica ubicación
geográfica de Colombia le aseguraba un acceso fácil al mercado estadounidense.
La geografía le ofrecía una ventaja
sobre otras naciones latinoamericanas en cuanto a la siembra, cultivo y exportación del café, que hizo posible una
cultura especial. Los cafetales crecen mejor en climas, templados, comunes en
los valles de montaña, sobre todo en la parte occidental del país, en la zona
cafetera, en Risaralda, Caldas y Quindío. Y así comenzó el Paisaje Cultural
Cafetero declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad desde del 2011.
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