LA PLAZA SIN MALTA
Gracias
al especial regalo que me hizo Eduardo
González Villegas de la obra de su padre, el poeta Luis Carlos González, “Retocando
imágenes “,conocí que la Plaza Victoria, hoy Plaza de Bolívar, recibió como
primer ornamento una palma en honor a la Reina Victoria de Inglaterra
que se sembró en 1887.Siguiendo al poeta, en 1891, Don Juan María Marulanda Arango
en frente a su casa de balcón de entonces ubicada en un costado de la plaza,
sembró tres mangos de los cuales al día de hoy solamente queda uno. Julio Rendón
Echeverry, Guillermo Velásquez Jaramillo, Carlos Echeverry Uribe y José Marcos
Campuzano Ángel, sembraron 21 mangos y
otro más, frente a la casa de Don Jesús María Ormaza Niño; siendo
promotor de la arborización en la plaza y en Pereira, Don Roberto Marulanda Botero,
hijo de Don Juan María.
La Plaza
de Bolívar sería el lugar del mercado
parroquial y eje de las ferias agropecuarias hasta 1922; de bazares,
carnavales, justas deportivas, juegos florales, cine, y de aeronautas criollos.
El 8 de febrero de 1926, comienza la construcción de la cruz de Malta, símbolo de
los masones que definía a” los maestros de la construcción” en una ciudad que
sería ejemplo de autoconstrucción, civismo,
de espíritu libertario e incluyente, recibiendo a todo ser humano que llegara a
la ciudad con ánimo de desarrollar la ciudad colectivamente. Estoy seguro que aquella
cruz de Malta inspiró el texto: Pereira
la Ciudad sin Puertas. A toda esa carga emocional, histórica, inmaterial de la
plaza, en el año del centenario, llega un 30 de agosto de 1963, el Bolívar
Desnudo de Arenas Betancur, para unirse al relato de la cruz de Malta y expandir, además, en una sola lectura, la
experiencia de la plaza republicana española con un Bolívar elevado en un
pedestal de mármol rojo de Alicante,
sugerido por el Maestro Arenas. Sin embargo en una decisión sin historia y
atópica, se intervino la plaza, quitando la cruz de malta, bajando el Bolívar,
eludiendo el pedestal de mármol rojo, eliminando cualquier asomo de color
florístico, interrumpiendo la lectura de la plaza republicana y perdiendo toda
su alma evocativa e inmaterial. Hoy la plaza es tenebrosa.
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