La olvidada cortesía

 


 

La cortesía es el espíritu humanista de la Edad Media y  es el arte de vivir con elegancia moral; una delicadeza de conducta y de espíritu fundada en la generosidad, la lealtad, la fidelidad, la discreción y que se manifiesta por la bondad, la suavidad, la humildad para con las damas, pero también por un deseo de renombre, por la generosidad, por el rechazo de la mentira, de la envidia, de toda cobardía.

Dos términos complementarios, siempre asociados, expresan la noción: “corteisie”, que designa  sus aspectos interiores: modestia y autocontrol, equilibrio entre el sentimiento y la razón, voluntad de ajustarse a los ideales reconocidos por un medio determinado, la corte; y “mesure” , que connota  los aspectos exteriores: moderación en el gesto, dominio de los impulsos pasionales, sumisión espontánea a un código que, en el siglo XII, exige más al corazón y a la obediencia a una etiqueta ;de ahí la importancia de los signos tomados de los ritos jurídicos de la alta feudalidad: el saludo, el beso de paz, la despedida. Alrededor de estas palabras claves se organiza un vocabulario típico: “dreiture”, que es equilibrio entre las exigencias del espíritu y la acción del cuerpo; “sen”, que es razón ponderadora, y los términos que denominan la posesión perfecta de las cualidades corteses: los relativos a quien las posee (valor) o a la corte que las reconoce en él (pris).

Desde esta perspectiva, el adjetivo “cortés” adquiere, para algunos erradamente, un matiz que implica la pertenencia a una elite; suele asociarse con “rico” y “gentil”, que aproximadamente significan “persona noble”. Sin embargo hay otra mirada, en el término provenzal que habría sido lanzado por los primeros trovadores luego de alguna expedición a España o Tierra Santa y que ubica  el valor de la cortesía como un hecho moral: remite a un estado de perfección que es  la realización total (deseada, admirada) del ideal cortés  que es, una disponibilidad sin segundas intenciones ni cálculo, una propensión natural al don y al amor y al bien común. Me pregunto: ¿estarán en colegios y escuelas analizando el fenómeno de la cortesía como suceso humanista?

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