LA SERENIDAD
No nos engañemos. Todos nosotros,
incluidos aquellos que pensamos tener control, perdimos la serenidad en algún
momento con la realidad nacional; con suma facilidad, estamos faltos de
serenidad. Esta carencia de serenidad es un inquietante huésped que, en la
Colombia actual, está llegando y marchándose de continuo, por la vía más veloz
y barata, toma uno conocimiento de todas y cada una de las cosas para olvidarlas
en el mismo momento con idéntica rapidez, evadiendo la serenidad una y otra
vez.
Así relatamos, sin pausa, los actos
públicos. Las narraciones resultan cada
vez más pobres en serenidad. El relato y
la ausencia de serenidad se juntan en mala armonía. Pero, aun cuando estemos
faltos de serenidad, no renunciamos a nuestra capacidad de acariciar la verdad
y la justicia de las cosas. La necesitamos incluso, ineludiblemente, aunque en
verdad, de una especial manera, haciendo que en la presencia de serenidad recuperemos nuestra
capacidad de pensar argumentativamente.
Al igual que podemos quedarnos sordos
sólo porque oímos, al igual que llegamos a viejos sólo porque fuimos jóvenes,
lo mismo podemos volvernos pobres en pensamiento argumentativos, o hasta faltos
de pensamientos de este tono, por razón de que el ser humano, en el fondo de su
ser, no desea pensar a su mundo de manera crítica, sino solamente vivirlo y
amarlo, pero a su pesar, la complejidad de la realidad emerge más temprano que
tarde, y de nuevo el argumento tiene valor.
Sólo aquello que, sabiéndolo o no,
poseemos, podemos perderlo o, como se dice, quedamos sin ello, la creciente
falta de pensamiento argumentativo y la perdida de la serenidad, reside en un
proceso que corroe el más íntimo asunto espiritual de los violentos . Aquellos
violentos están en fuga del pensar. Esta
huida del pensamiento argumentativo es
la causa de su falta de serenidad y por supuesto, de la respuesta violenta.
wwwlisandrolopez.blogspot.com
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