LA MATRONA DEL CIVISMO
Grandes mujeres de Pereira labraron con
su tesón y sensibilidad buena parte de la historia de la ciudad durante el
siglo XX por medio de su figura Matronal: Gilma Gómez de Marulanda, Dionisia B de
Jaramillo, Aleyda M de Ángel, Alba M de Jaramillo, Lida G de Muñoz, Gloria R de
Ramírez y muchas otras honrosas mujeres.
La figura de matrona del civismo escribe
la siguiente narrativa: es caracterizada en términos de su condición de madre,
esposa e hija, con carácter, bella, inteligente y excelente anfitriona. Mujer con
alta sensibilidad. Es madre, guiada por el amor, la ternura y la disposición al
cuidado de los otros; mujer entregada a
su hogar y a su familia y cuyo papel de educadora es vital para la crianza de
los hijos, futuros participantes de la vida pública.
En esta misma vía, es una mujer cívica,
definida como una mujer católica, con un trabajo dirigido a la sanidad social. Al ser católica
la conducía inmediatamente a ser cívica: el civismo de la ciudad tiene alma
católica. Es la matrona del civismo la que extiende el trabajo social de la
Diócesis de Pereira, llevando los valores católicos a sectores desprotegidos.
La matrona es una mujer católica y política.
La matrona es, efectivamente, una mujer cívica, reconocida socialmente por
defender y difundir su posición política. En últimas, la matrona se pensaba
como una mujer que ejercía la cívica y gestora de proyectos sociales cercanos a
la Diócesis.
El vínculo que se entabla, entonces,
entre la mujer y la política a través de la figura de la matrona del civismo
convierte a ésta última en una mujer pública, preocupada por calmar los
problemas sociales de la ciudad: la orfandad de los ancianos, niños y niñas, la
pobreza, el hambre, la salud; co-creadora de grandes gestas conocidas de la
ciudad. Promovió las artes y la cultura. La ciudad le debe a la Matrona del
Civismo una escultura en su nombre.
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