NOSTALGIA

 

En el año 2007, por invitación del entonces Director de la Investigación para la Declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero en Risaralda, Arq. Jorge E Osorio, participé como co-investigador.Durante la realización de los talleres ciudadanos de apropiación social del patrimonio cultural cafetero, recorrí todos los municipios que quedarían en la declaratoria. Al terminar cada taller invariablemente la anfitriona de la casa o finca cafetera ofrecía un tinto “chaqueta” con arepitas o buñuelos y  todos los asistentes, al caer la tarde, mirábamos el paisaje cafetero,  uno a uno contaban sus nostalgias, jóvenes y adultos, todos unidos, hasta el punto que en alguna ocasión, una señora, creo recordar de Apia, soltó la siguiente sentencia: “esa es la pensadera del cafetero”. Hacía referencia a la nostalgia cafetera la cual  concluimos,  que todos los relatos se encontraban en “el regreso a la casa “; es la narración esencial de todas las expresiones artísticas de la cultura. Es una cultura con capas de nostalgia.

La nostalgia es una manera de permanecer a través del tiempo, lejos de abrir los ojos a su realidad más inmediata, tal vez más oscura que la de aquellos años que fuimos tan felices. Ocurre, eso sí, que al creer con convicción en el determinismo del pasado, todo lo bueno que exista ahora en nuestras vidas será difuminado para no estropear el añorado recuerdo con el que se quiere vivir.

Elogiar el tiempo pasado desde la gratitud puede entenderse como un acto de alineamiento interior. Poder mirar atrás, lo vivido, en paz y tranquilidad. Sin embargo, cuando todo "era mejor antes" tenemos un problema existencial. No existe armonía entre lo vivido y el ahora y el aquí. Entonces  surge  la idea del regreso a casa. Vivir puede asemejarse a un largo viaje, lleno de aventuras, de infortunios, de alegrías, tristezas, azares y desesperanzas. Sin embargo, detrás de cada puerto visitado, de cada amor entretenido, persiste la nostalgia de volver al hogar. Uno anda buscando siempre la manera de regresar a casa, como símbolo del encuentro con la propia paz interior. 

Homero decía: “Nada hay tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta".

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