EL CANTO DE LOS MIZAK

 

Los sucesos ocurridos la semana pasada con la etnia Mizak es una muestra de la dificultad de comprender el profundo tejido patrimonial indígena en un país como Colombia  que a lo largo del proceso de construcción de la Republica, los pueblos indígenas  en unos casos se promovió su integración y asimilación; en otros, su segregación y exclusión. En cualquiera caso, el “blanqueamiento” parecía ser el único camino para consolidar la nación, camino que determinó la relación entre Estado y pueblos indígenas hasta épocas muy recientes.

Hoy en día, el reconocimiento de los derechos culturales de los pueblos indígenas se encuentra respaldados en acuerdos internacionales, tales como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) , en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada en 2007 y  en la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial de 2003

Desde los inicios del Siglo XXI se ha venido gestando entre investigadores sociales e historiadores en América Latina una gran discusión acerca de la relación entre patrimonio cultural, Estado y pueblos indígenas, que analiza el vínculo entre el poder y los distintos intereses sociales y políticos que conforman la nación.

En consecuencia, es pertinente estudiar la sinergia entre patrimonio cultural y las reivindicaciones de los pueblos indígenas. El patrimonio cultural se viene perfilándose en los últimos años, como un escenario de las demandas identitarias del movimiento indígena contemporáneo en América por medio del cual los pueblos buscan hacer efectivos sus derechos colectivos. En ese contexto, habría que preguntarse por la propiedad del patrimonio, por la autenticidad y  los reclamos de las poblaciones indígenas de usufructuar y gestionar su patrimonio cultural.

Por último, el patrimonio cultural puede ser empleado en proyectos de consolidación étnica y de etnogénesis, entendida como la reaparición y/o resurgimiento de antiguas identidades originarias que se tenían por desaparecidas. Así, el patrimonio cultural puede ser visto, además, como un espacio no solo de unidad, sino de confrontaciones materiales y simbólicas entre clases, etnias y grupos sociales, como han previsto varios investigadores sociales. Al parecer  llegó la hora de la etnogénesis a Colombia, las sanas discusiones deben comenzar

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