Cultura y Democracia
El desarrollo no es posible sin la
plena participación de todos los ciudadanos. Las políticas e inversiones
realmente productivas son aquellas que hacen posible la maximización de las
capacidades, recursos y oportunidades de los pueblos. La democracia, más allá
de una forma de organización política, es el valor fundamental que proporciona
al ser humano la capacidad de regir su destino individual y colectivamente.
La participación democrática conlleva
la integración de todos los componentes que conforman el cuerpo social,
descansando la legitimidad del proceso, en gran medida, en las posibilidades
que la sociedad civil tiene de expresar su voluntad a través de los diferentes
canales de participación disponibles.
Por otro lado, las formas
democráticas refuerzan el sentido de pertenencia del individuo a un proyecto
colectivo al ofrecer una respuesta válida a los problemas de identidad que
caracterizan a las sociedades multiculturales actuales y dar espacio, en una
política de inclusión, a toda la compleja multitud de actores: movimientos
sociales, grupos artísticos, medios de comunicación, sindicatos, grupos
étnicos, asociaciones de consumidores, etc.
Cultura y democracia son, en
definitiva, dos nexos que se retroalimentan y se refuerzan recíprocamente el
uno al otro. Garantizar la diversidad en un mundo globalizado se ha convertido
en un principio imperativo. A medida que la globalización vincula las culturas
de forma más estrecha, contribuye a un cambio cultural fructífero y enriquece
las interacciones, pero también aumenta los riesgos de homogeneización.
Por ello, la preservación del
pluralismo de los valores culturales, con la creación de sociedades abiertas en
las que todos los grupos étnicos y culturales tengan los mismos derechos y
obligaciones y se garantice el acceso a la creación y distribución equitativa
de los bienes culturales, se ha convertido en un tema político de la mayor
importancia y esencial para la salvaguarda de la diversidad cultural.
Los recursos culturales tangibles e
intangibles conforman, además, la memoria colectiva de los pueblos, sirven de
inspiración y aportan significado al presente y son capitales para la
construcción del futuro. Es, pues, partiendo de ese bagaje, que da carácter y
personalidad a los pueblos, junto con sus valores y aspiraciones, como debe
plantearse el progreso económico y los procesos de desarrollo.
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