La cultura y la sostenibilidad territorial
La cultura es también un recurso
estratégico para la sostenibilidad ambiental. Existe una analogía entre la
diversidad cultural y la biodiversidad, entre los valores culturales y la forma
de enfrentar la protección del medio ambiente. La preservación de la cultura y
de su biodiversidad está en función de la preservación y conservación del medio
ambiente, hasta el punto de que la cultura viene en parte determinada por el
medio ambiente en el que se inserta, pero a su vez, la conservación de éste
depende del uso, significado y valor que los grupos humanos atribuyen a sus
ecosistemas.
El patrimonio fue una de las primeras
áreas culturales a las que se reconoció un potencial económico. En los centros
históricos de las ciudades, la reutilización de monumentos debidamente
recuperados en edificios públicos, a menudo como museos, podía tener una buena
relación coste-beneficio, además de ayudar a la reanimación económica de los
viejos barrios de las ciudades, generando ingresos y empleos. “La preservación
paga” y “la conservación, factor de desarrollo” fueron eslóganes con multitud
de adeptos en todo el mundo.
El turismo merece, por otro lado, una
referencia específica por el gran peso económico y social alcanzado en el mundo
actual. La actividad turística, al significar el movimiento hacia un mundo
distinto al propio, ya constituye en sí misma una experiencia cultural. Tanto
la que va directamente dirigida a disfrutar de un monumento, de un museo o de
un espectáculo artístico, como la que únicamente busca disfrutar de un
ecosistema, un paisaje o una playa, están estableciendo una relación con el
patrimonio de otro pueblo. La cultura es por tanto una parte esencial de la
realidad humana, que define las condiciones para garantizar la preservación de
identidades, la gobernabilidad, la cohesión social, la creatividad, la defensa
del medio ambiente, la cohesión territorial y, en definitiva, la sostenibilidad
del desarrollo.
Buscar una aproximación a la
sostenibilidad de los territorios supone evaluar los procesos que en él tienen
lugar e implica aproximarse a las distintas culturas territoriales, profundizar
en la racionalidad que subyace bajo los procesos que conservan, modifican o
transforman el territorio. Es capital para asegurar la diversidad cultural y
promover la creatividad de los pueblos.
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