JUAN CARLOS BOTERO
Juan
Carlos Botero presenta su nueva novela, de factura exquisita, “Los Hechos
Casuales”. Botero entiende su obra como
organizar la materia sensible y la inteligible con una finalidad estética. No
es un modo de huir de la vida; no tiene nada que ver con la idea romántica de
un mundo ajeno al nuestro, sino que surge de la vida misma, de la que es expresión
suprema. Debe enfrentarse a la realidad y plasmar las múltiples vidas que
vivimos, incluso las más ocultas. De ahí, que no exista una sola forma de arte,
sino muchas, tantas como formas de vida. Dicho de otro modo, el arte no ha de
imitar la vida, sino recrearla, por lo que no puede haber un único modo de
crear “buen arte”.
La epifanía ocupa un lugar central en la obra
de Botero. La epifanía según Joyce es “una súbita manifestación espiritual” que
el escritor ha de registrar meticulosamente. Es un instante de extraordinaria
clarividencia que permite acceder a un significado profundo y que se prolonga
paradójicamente en la conciencia: contiene el pasado, el presente y el futuro;
al experimentarlo, el sujeto se sume en un estado de autoconciencia que impulsa
la creación artística lo cual implica, la toma de una decisión que un momento
crucial cambia el destino de los personajes. La verdad es el objeto del apetito
intelectual es producto de una decisión, de una epifanía; la belleza es el
objeto del apetito estético emergiendo de
una decisión. La posesión espiritual de lo verdadero se alcanza a través de la
intelección de la toma de decisiones; la de lo bello, mediante la aprehensión:
los apetitos intelectuales y estéticos son, pues, apetitos espirituales
producto de decisiones.
El proceso de la escritura que
conduce aquella súbita manifestación espiritual, escribir
una novela, requiere un esfuerzo sostenido y la toma de decisiones. La búsqueda
de la precisión extrema hace de la escritura una tarea agotadora, pues obliga a
proceder “no palabra por palabra” sino letra por letra. Lo que importa no es lo
que uno escribe, sino cómo lo escribe: la forma es inseparable del contenido,
ya que el contenido lleva siempre aparejado su propia forma o estilo, y a la
inversa. Según Botero lo esencial hoy es tomar decisiones, vivir epifanías.
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