El Ministerio de las Culturas II

 


El Ministerio de la Culturas tendrá que proteger la riqueza simbólica de la literatura, el patrimonio y las artes por cuanto no pueden seguir siendo únicamente ornamentales. El nuevo Presidente, debe introducir un nuevo lenguaje en sus discursos: ya no el de la racionalidad económica –que por décadas se ha instalado como una (pobre) verdad de nuestras posibilidades, sino el de promover la riqueza simbólica anunciada. Esperaría que el gobierno logre reordenar el presupuesto nacional para asignar más dinero a estos ámbitos y reestructurarlos. Tareas urgentes: descentralización, democratización y respeto a las variadas formas de conocimiento que coexisten en el país; y, creación de centros de investigación y pensamiento macrozonales no vinculados a las universidades, en que participen diversas comunidades de investigadores a lo largo del país, con agendas vinculadas a los territorios. Pero nada de esto sirve si no logramos abrir un verdadero sistema de educación pública y de calidad desde los primeros años de escolarización.

Sin duda, la cultura ha atravesado un par de años duros que ha reforzado la situación precaria de los artistas y de las personas vinculadas a la cultura y a su gestión. Por lo mismo, la precariedad de los artistas es un tema para resolver con mediana urgencia, y hay que pensar esta solución más allá de solo los fondos concursables. 

Pensando la cultura desde su recepción, es un desafío primordial para el nuevo Presidente consolidar la idea de que la cultura es parte esencial de la sociedad, y para eso hay que cimentar políticas culturales fuertes y desarrollar una línea de colaboración entre ministerios. Quien esté a cargo del Ministerio, debiera demostrar un manejo político fuerte, que instale un Ministerio de las Culturas como parte de una mirada pluriministerial, que defina herramientas sociales en varias capas. Esto puede ser el de la relación de la cultura con la educación, y otros casos que tienen que ver con espacios sociales e incluso territoriales y de patrimonio material e inmaterial, en que convergen las personas desde lo más humano: el hacer comunidad, el ser parte de una cultura. Desplegar un interés en la cultura como un espacio de convergencia de distintas maneras de pensar, es esencial para la sociedad colombiana.

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