La Esperanza
Nuestra concepción de la esperanza en Colombia antes de la pandemia había estado
sujeta, quieta, amparada en la alternativa de esperar un mundo mejor por obra y
gracia de algo externo a nosotros -la divinidad o supuestos de absolutos en la historia-; hoy después del estallido
social, cabe otra posibilidad
dirigida a aceptar que tenemos la
capacidad para construir ese mundo a fuerza de tesón: la recursividad inmediata, el poder de
resiliencia, del colombiano que sólo ha podido concretarse en esas formas de bipartidismo
que inunda la historia colombiana desde los inicios de la Republica; hoy
matizado en ese totalitarismo light que es el actual orden de la
economía global gobernada por los grandes emporios multinacionales y sostenido
por la ideología del” hiperindividualismo posmoderno” (“la era de la selfie “). Esta última alternativa consiste precisamente
en la renuncia cabal a toda esperanza: nada hay que esperar, el mundo actual es
inmejorable, o bien nada puede hacerse frente a él. La enseñanza del
pensamiento de la esperanza equivale a contribuir a la formación de un espíritu
más crítico y, a la vez, más confiado y abierto a la existencia y al valor del
pensamiento, a la potencia del pensar, al alcance ilimitado de la razón
creativa e iconoclasta: esa cualidad humana que funda en nosotros mismos la
posibilidad de ser grandioso como ser “divino. Al actuar en el ahora con la
esperanza en esa posibilidad, con la convicción de que no es una pura ficción
ni un puro hecho limitado, quizá empezaremos de manera paulatina, mediante
actos concretos y permanentes, a hacer que emerja ese mundo nuevo. Llegaremos a
ser entonces divinos, algo por completo distinto a lo que somos ahora. Entonces
podremos entender aquella afirmación de Henri Bergson de que el universo es, en
su función esencial, “una máquina de hacer dioses”. Tengamos esperanza.
wwwlisandrolopez.blogspot.com
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