Alejandro Gaviria
La Precandidatura de Alejandro Gaviria sin duda
es la evolución del nexo entre intelectuales y política, tardíamente de nuevo
en nuestro país, haciéndose evidente con
la legitimidad de la democracia como código cultural más que político; este giro
histórico resulta crucial para debatir el lugar de los intelectuales en la sociedad política colombiana en los
próximos años.
Alejandro toma en serio la democracia, como un
desafío que trasciende el régimen para convertirse en un tipo influyente de
cultura, y le presupone una reconversión
intelectual del ambiente incierto de la política democrática. ¿Por qué nuestra
democracia debe generar nuevas relaciones intelectuales con las políticas?, ¿de
qué manera los intelectuales resienten
las presiones democráticas? Estas preguntas deberán ser
subrayadas por Alejandro si desea
eliminar las transiciones y las
tensiones de los intelectuales frente a la democracia. Atender los mecanismos
explicativos y los efectos de esta adaptación es el objetivo quizás a largo
plazo del Plan que ofrece: caminar hacia un país educado, de intelectuales y
creadores.
La valoración intelectual de
la democracia, dirá Benedetti, no es sencilla y exige “novedosos y desafiantes
andamios de reflexión”. Porque la democracia es más que un régimen político,
sus cambios desbordan el ámbito institucional de la política. Otras zonas por
afuera de éste resienten las presiones democráticas como un clima social. Es
ahí donde el concepto de los intelectuales resulta estructural, por el avance
de la democracia en el imaginario colectivo y al terreno de la cultura. Y al
hablar de intelectuales me refiero a una renovación de la democracia como
sistema político hacia la democracia como sistema cultural, y tal cambio se
manifestaría en la bienvenida a los diferentes poderes del gobierno de aquella
lógica de pensamiento impenitente: la democracia es un hecho cultural. La razón
unidimensional, identificante e instrumental, no puede seguir siendo el
discurso de nuestro sistema político
democrático y así lo entiende Alejandro, que en buena hora, está subido en un andamio de
reflexión y desde allí construye su poética de Colombia. Y riposto aquel
pensamiento: hace falta presidentes poetas y más poetas presidentes.
wwwlisandrolopez.blogspot.com
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