El Solar
El
fútbol representa la mayor pasión de la
cultura popular colombiana. Sin embargo, en los tiempos que corren esta
práctica se encuentra más relacionada a la televisión, a las estadísticas y al
dinero en sustitución a su esencia y lugar de origen criollo: el solar.
El
solar está asociado históricamente al paisaje rural de la ciudad, que con el
tiempo y el avance urbano devino en baldíos donde se selló su sentido
futbolístico. Para continuar el retrato de estos santuarios barriales hay que
agregar, en su gran mayoría, campos de juego de tierra y piedras sin
delimitación fija (siempre consensuada entre los participantes) y arcos
representados con piedras o ropa que sobra a la hora de jugar. En
contraposición, por estos nuevos tiempos, el fútbol no profesional comienza a
relacionarse cada vez más con las canchas privadas de césped sintético. Y he
aquí la fórmula mágica: capital, inversión, tiempo y ganancia.
El
sol del fútbol lúdico y libertario quedó eclipsado detrás del valor de alquiler
de una canchita con dueño. No es una casualidad que a los mejores futbolistas
colombianos y del mundo los haya parido el solar. Aquí, alejados de la
tecnocracia y la uniformidad de los modernos entrenamientos, se lanzan a la
espontaneidad e improvisación con la pelota que el territorio les ofrece. En
consecuencia, me atrevo a afirmar, que
la gambeta es hija del solar, ya que nace como recurso ante el amontonamiento
de jugadores en el espacio reducido. Hace algún tiempo, mi padre Cesar López Fretes, opinó que el
fútbol necesita incorporar nuevamente el
fútbol callejero para resucitar la creatividad y el disfrute de los jugadores.
Las nuevas tecnologías y la renovación en los métodos de entrenamiento se
relacionan más con la creación de robots a control remoto dentro del campo de
juego que a potenciar las habilidades de los futbolistas, según su concepto. El
solar no sirve porque no produce.
wwwlisandrolopez.blogspot.com
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