EL CONFLICTO AGONISTICO

 

Los trabajos de investigadores  a la teoría política contemporánea es identificado como un aporte esencial  a un entendimiento irreductiblemente conflictual de la política democrática. Tales estudios han llegado a ser, de hecho, una de las principales fuentes de lo que se llama la “democracia agonística”. Este marco teórico alternativo a aquel que domina ampliamente hoy día la teoría política –el de la democracia deliberativa– envía, sin embargo, a una escuela de pensamiento, que se identifica a un proyecto teórico político bien definido.

Los teóricos llamados “agonísticos “defienden concepciones diferentes, a veces hasta opuestas, del espacio público, del debate democrático o de la acción política en su relación con las instituciones. Por lo que podemos considerar que el concepto de “democracia agonística” se refiere  a una prioridad, siendo esa prioridad el conflicto en los análisis de lo político y a una política democrática en particular

El conflicto es inherente a la política: no es posible concebir un debate político sin conflicto. Asumiendo tal premisa, el investigador agonístico ha desarrollado la teoría de una “democracia agonista”, en la que el conflicto entre posturas ideológicas opuestas se canaliza de tal forma que los diferentes actores se conciben unos a otros como rivales, en lugar de enemigos. Este matiz es utilizado   para distinguir un conflicto “agonista” de uno “antagonista”.

Desde un punto de vista “agonista”, un conflicto entre rivales que se oponen políticamente, pero que se conciben como legítimos participantes del debate, es sano para una sociedad democrática. El objetivo de un debate “agonista” no debe ser llegar a un consenso entre los actores políticos, como asumen teóricos de la democracia deliberativa. Por el contrario, el objetivo de un debate agonista debe ser el “compromiso”, un concepto bien diferente al del consenso. Llegar a un “compromiso” entre actores rivales implica que ni unos ni otros acabarán totalmente satisfechos con el resultado, pero todos lo aceptarán como legítimo.

En tal debate no se debe buscar el consenso, pero sí el “compromiso”, cuyo contenido dependerá de la correlación de fuerzas política que exista. De no canalizarse el conflicto de forma agonista, la democracia colombiana se verá dañada. O se canaliza el conflicto de modo que se reconozca al otro en su diferencia, o no habrá democracia colombiana.

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