MUNERA Y TORO
Dos jóvenes artistas pereiranos Alejandro Munera y Gustavo Toro, sorprenden cada uno, con una obra pausada, repleta de silencios, con una conmovedora nostalgia que habla de una sustancia poética en cada una de esas apuestas. En ellos se juntan, como dos amantes, la imagen y la poesía. Son poetas de las imágenes de su tiempo. Es frecuente escuchar ante una obra de arte la pregunta “qué significa”, lo que indica que permanece vigente una idea -la de que un cuadro deba contar algo- contra la que los artistas vienen luchando desde hace casi un siglo.
Sin embargo, el interrogante más radical,
que señala cuál es la inquietud fundamental del espectador es si aquello que ve
es “arte”. Yo estoy seguro de que la claridad sea la cortesía del historiador,
pero creo que la del artista es la complejidad. Se proclama la inadecuación al
arte visual del principio horaciano “Ut pictura poiesis”, es decir, se afirma
la necesidad de que la pintura se guíe por reglas diferentes a las de la
poesía. Es el principio del fin de los contenidos narrativos del cuadro.
El clasicismo, que había guiado el
arte occidental desde el Renacimiento, entra en crisis y abre así un horizonte
de enormes transformaciones. En una primera etapa, que llega hasta el
impresionismo, se subvierten los contenidos tradicionales del cuadro, y en la
segunda, cuyo clímax sería el movimiento cubista, se altera el lenguaje
pictórico. La asimilación social de las vanguardias termina con su razón de
ser, siendo sustituidas por tendencias de moda.
El arte de Munera y Toro tiene algo
de manual y algo de ensayo, pues combina el sistema expositivo del primero con
un impulso argumental que busca en los sucesivos instantes de la emoción, los
escalones para su desarrollo. Su centro
de gravedad está colocado en los momentos de emoción milimétrica casi
imperceptible. Creo que este planteamiento es eficaz para hacernos comprender
las causas profundas de las transformaciones de la emoción contemporánea de una
generación que salta al vacío. Por supuesto, como artistas pereiranos gravitan
alrededor de la nostalgia pero desde diferentes ecuaciones y ausencias.
Pareciera que el arte pereirano, en todos sus momentos, se nutriera de una
especie de pan-nostalgia.
wwwlisandrolopez.blogspot.com
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