SILENCIO DE FRUTAS
Antes: Extensas zonas de la ciudad
están compuestas por un entramado de
vendedor@s de frutas que a primera vista parece uno solo, interminable y
multiforme, pero con una mirada curiosa y detenida se pueden apreciar
especificidades en cada puesto de frutas y los roles que caracterizan a cada
uno de los más de 500 que coexisten en
la ciudad . En este entramado, los puestos de frutas se destacan por haberse
mantenido en el tiempo como lugares de interacción campo - ciudad, intercambio social,
lugar de reunión de toda suerte de ciudadanos, sin límite de edad.
Los puestos de
frutas se caracterizan por ser de los pocos lugares que acogen a todos, mayormente
personas adultas mayores y mujeres, al ofrecer espacios para la degustación de
frutas y sorbetes, pero, en todos los casos, se trata de puntos al que acuden
todos los sectores sociales y donde no se expresan códigos racistas y
excluyentes.
Llama la
atención como los puestos de fruta han ido remozándose y ajustado su rol a las
necesidades tanto del crecimiento de la ciudad, la creciente tendencia a la
urbanización de la población rural. Hasta el día de hoy son puntos de
convergencia y de encuentro de lo rural y lo urbano: es un verdadero patrimonio
inmaterial de la ciudad.
Hoy: Los puestos de frutas ameritan ser
considerados en el marco de la tremenda calamidad como un espacio que también debe ser salvado y ojalá ser
mirados como verdaderos patrimonios inmateriales de la ciudad que hacen honor
al mango, la guayaba, la piña , el chontaduro, la papaya y la sorprendente grosella.. Hoy: No están. Cuánto lo siento. Están
en silencio.
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